Hay una creencia que guía muchas de las cosas que hago en mi vida:
el amor se multiplica cuando se comparte, y si llenamos el mundo de amor, tendremos el poder de cambiarlo.
Por eso enseño lo que sé.
Lo hago porque compartir conocimiento, cuando nace del amor por lo que haces, es una forma natural de expansión.
Sin embargo, la sociedad actual suele repetir otro mensaje:
“No des nada gratis.”
“Quien regala su tiempo termina siendo absorbido.”
Pero yo creo que ahí hay una confusión profunda.
No es absorbido quien da desde el amor. Es absorbido quien entrega su tiempo esperando algo a cambio que nunca llega.
Cuando haces algo que no te llena, empiezas a calcular constantemente: cuánto das, cuánto recibes, si compensa, si merece la pena. Y ese cálculo constante desgasta el alma.
En cambio, cuando actúas desde el amor por lo que haces, sin esperar recompensas inmediatas, algo diferente ocurre dentro de ti.
Tu mente se relaja. Tu energía se alinea. Tu subconsciente deja de funcionar desde la escasez.
Y es ahí cuando la vida empieza a moverse de otra manera.
Cuando hablo del universo no lo hago como si fuera un ente todopoderoso que concede deseos como una lámpara mágica. Para mí, el universo es otra cosa: una consciencia colectiva, el reflejo del todo. Y como todo espejo, devuelve lo que somos. No nos da necesariamente lo que deseamos. Nos da aquello para lo que nuestro ser está preparado para recibir.
Por eso hay personas que desean mucho, pero reciben poco. Y otras que simplemente caminan en coherencia… y la vida parece abrirse a su paso.
En la época en la que vivimos, además, el concepto de amor propio se ha vuelto confuso. Muchas veces se mueve en una línea muy fina donde el amor empieza a mezclarse con el ego.
Pero amar no es ponerse por encima. Amar no es señalar el exterior para justificar el interior. Amar es dar y cuidar de forma genuina. Señalar lo externo es una forma de encierro. Una cárcel silenciosa construida por el ego. Por eso el consejo que quiero compartir hoy es sencillo, pero profundo:
Identifica las barreras del ego en tu vida.
Observa cuándo das esperando reconocimiento. Cuándo ayudas esperando validación. Cuándo ofreces algo esperando que el mundo te lo devuelva multiplicado.
Y después prueba algo diferente.
Da desde el amor. Recibe desde el amor. Comparte desde el amor. Sin esperar nada a cambio.
Porque cuando esa energía empieza a circular de forma auténtica, ocurre algo curioso: el amor se multiplica, se contagia, se expande.
Y entonces la vida empieza a sonreírte de una manera distinta.
No porque hayas pedido más. Sino porque ya estás preparada para recibirlo.
Esta reflexión es mi regalo de hoy.
Y si tan solo una persona lo lee, lo siente y decide ponerlo en práctica… ya habré plantado una semilla para construir un mundo mejor desde el amor.